***Porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro***
Julio Cortázar, Rayuela.
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1 comentario:
siempre se encuentra uno con algo que nos traduce. Menos mal que los libros nos quedan para siempre... y que esos estados pasan.
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